lunes, 29 de noviembre de 2010

El emergente

Me pregunta el emergente de turno (ese molesto costado publicitario que irrumpe invasivamente en mi casilla de mails) ¿Cuántos kilos te separan de tu peso ideal??
Además de distraerme en la lectura de mis mensajes privados de mail cuando no se lo pedí, ¿me repite la pregunta?
¿Qué cuantos kilos me separan de mi peso ideal? No, no, está requetemal formulada esa pregunta. Lo que me separa de mi peso ideal no son kilos, sino toneladas de pastas a la crema y de tortas de coco y dulce de leche, y alfajores y tabletas suizas de chocolate en sus versiones milk, crispy,y soft.
Me separan infinidad de idas y venidas de la heladera a la despensa y de la despensa al sillón. De la panadería al kiosko y del kiosco al barcito gourmet. O sea que estamos hablando, más bien, de kilómetros y no de kilos.
Reformúleme la pregunta como corresponde. Porque los kilos de más son la consecuencia y no el impedimento entre mi silueta de espiga y mi imágen de baguette. No se interpone un kilo, o dos o diez entre mi peso pesado y mi peso ideal, sino metros de pizza, litros de bebidas non sanctas, horas de opíparas cenas y cuantiosos almuerzos, además de puntualísimos tés que no son para nada ingleses, y desayunos al estilo americano (fast & furious and caloric in extremis)
Así que deje de interrumpirme como una avispa molesta recordándome de manera indirecta ese asunto de la cinturita y déjeme terminar mi mail en paz, que dice así. Asunto: Calendario de eventos y celebraciones de fin de año.
Dirigido a "todos aquellos que creyeron que llegaban en línea (no, on line es otra cosa) al verano".
Texto: Se viene la prueba de fuego (todo heroe es sometido a metros de la recta final a la prueba que lo define todo) a ver si sos tan guapo/a para refrenar a esa boca desbocada (nunca mejor usada una redundancia) y resistir a los encantos de las delicatessen abundantten de fin de año.
Pre-texto: Si, ya sé, estás cansado, con poca energía y te merecés un chang uí (no, sandwich se escribe diferente), pero no es verdá. La felicidá no te la da la comida, muchos menos el azúcar. (odontólogist dixit)
Fin del texto: Así que fasten your seat belt you rebel, abróchate ese estómago con hebilla ajustable a prueba de exabrupto y modera la ingesta (personal trainer dixit)
Moraleja: Aunque es cierto que la TV engorda (¿?) las fotos no mienten.
Te lo avisé.
Ante mí, doy fe.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

CÓMO ME HICISTE REIR!!!!!!!
ME ENCANTÓ!
Beijos. Penélope de SP

maría cecilia dijo...

Justo ahora que es tarde y estoy comièndome un paquete de galletas con leche me has hecho reir hasta atorarme!!!!

maría cecilia dijo...

Justo ahora que es tarde y estoy comièndome un paquete de galletas con leche me has hecho reir hasta atorarme!!!!

Mariano dijo...

Vickyyyy!!! tu comentario se me vino encima como una locomotora ....!!!! tengo casorio de m´hijo Juan en septiembre...y otra que a metros de distancia ....... estoy a k i l o m e t r o s de la silueta de espiga....toy redonda como pan de campo!
beso
Mati

vivicuca dijo...

ajajajaj, genia!!!,yo estoy por poner en marcha un negocio que me va a hacer millonaria en tiempo record; voy a hacer prendedores que digan "ya se que estoy gorda, no hace falta que me avises".
me encantó tu blog.